Negocio & IT condenados a trabajar juntos

 Margen Oculto · septiembre 2026

Nadie era responsable del dato. Hasta que todo dejó de cuadrar.

El caso real que explica por qué el Data Owner es la figura que más falta en las empresas — y por qué sin ella ninguna inversión en tecnología va a resolver tu problema de reporting.

Margen Oculto · 16 min de lectura

Hace un tiempo me encontré frente a uno de esos proyectos que parecen simples sobre el papel. Una empresa con facturación recurrente, contratos de cinco años con sus clientes, un CRM para la parte comercial y un ERP para la parte financiera y operativa.

La empresa acababa de ser comprada por un fondo de inversión. Y el fondo quería cinco KPIs claros cada mes: facturación, costes, nuevos contratos, EBITDA y churn.

Cinco métricas. Dos sistemas. Un reporting que tenía que cuadrar.

Lo que parecía un proyecto técnico de integración de sistemas se convirtió en algo mucho más complejo. Y la lección que me llevé no tiene nada que ver con la tecnología.

Los datos no fallan porque los sistemas sean malos. Fallan porque nadie ha definido quién es responsable de que entren bien.

El problema que nadie había visto.

El primer paso técnico fue relativamente sencillo. Introdujimos un campo en el ERP — el número de contrato — para poder cruzarlo con el CRM. Una conexión limpia entre los dos sistemas.

Pero cuando empezamos a ver los datos, algo no cuadraba.

Los comerciales metían la información de los contratos de formas distintas. Cada uno con su criterio. Cada uno adaptando el sistema a su realidad operativa. Unos ponían el número de contrato de una forma, otros de otra. Unos rellenaban campos que otros dejaban vacíos. Unos usaban campos para cosas que no eran exactamente para lo que estaban diseñados.

No era mala voluntad. Era el resultado predecible de dos mundos que habían funcionado en paralelo durante años sin que nadie hubiera definido exactamente cómo debía entrar cada dato.

El problema no era el sistema. Era el gap entre cómo estaba diseñado y cómo lo usaba la gente.

IT había construido una estructura. Negocio tenía una realidad operativa. Y nadie había sentado a los dos juntos para asegurarse de que encajaban.

El momento en que el director financiero perdió la paciencia.

"Quien no meta los datos como yo digo... se va a la puta calle."

Lo dijo en una reunión. Y la sala se quedó en silencio.

Entiendo la frustración. Llevábamos semanas viendo informes que no cuadraban. El fondo esperaba cinco KPIs fiables. Y cada vez que generábamos un reporte, alguien encontraba una discrepancia que lo invalidaba.

Pero la amenaza, aunque comprensible, no resolvía el problema de fondo.

Porque el problema no era que los comerciales no quisieran meter bien los datos. Era que nadie había definido exactamente qué significaba "meter bien los datos" para cada tipo de contrato, con cada tipo de excepción, en cada situación posible.

Un dato mal introducido parece un problema técnico. Hasta que llega a Dirección y alguien toma una decisión con él.

Ahí está la clave. Los datos no son un problema de IT. Son un problema de negocio. Porque las decisiones que se toman con esos datos — de inversión, de estrategia, de pricing, de personal — las toma negocio, no IT.

Y cuando negocio no se implica en cómo nace el dato, acaba tomando decisiones con información que nadie puede garantizar que sea correcta.

Por qué negocio tiene que implicarse en el dato.

Este es el punto que más resistencia genera cuando lo planteo en las empresas. "Eso es cosa de IT." "Nosotros nos dedicamos a vender." "Que lo arregle el sistema."

Pero hay una realidad que no cambia independientemente de la tecnología que se use:

El dato nace en negocio. Lo introduce una persona de negocio — un comercial, un operador, un agente de atención al cliente. Lo introduce con el contexto de una operación real, con todas sus particularidades y excepciones. Y si esa persona no sabe exactamente cómo debe entrar ese dato, o si el sistema no está adaptado a su realidad, el dato entrará mal.

IT puede construir el mejor sistema del mundo. Puede crear validaciones, campos obligatorios, listas desplegables. Pero no puede sustituir el criterio de la persona que entiende la operación real.

Lo que pasa cuando negocio no se implica

IT diseña el sistema pensando en estructura y consistencia. Los usuarios lo adaptan a su realidad como pueden. Los datos entran de formas distintas según quién los introduzca. Los informes no cuadran. Nadie sabe exactamente por qué. Y la solución siempre es "arreglarlo en el BI" — que es el equivalente a limpiar el suelo mientras sigue cayendo el agua del techo.

Lo que pasa cuando negocio se implica

Negocio define qué información necesita y cómo debe estructurarse. IT construye el sistema adaptado a esa realidad. Los usuarios entienden por qué cada campo importa. Los datos entran de forma consistente. Y los informes cuadran porque la información está bien en origen.

La solución: el Data Owner.

Lo que resolvió el proyecto no fue una mejora técnica. Fue una decisión organizativa.

Elegimos a un comercial. Alguien que conocía perfectamente la operación — cómo se negociaban los contratos, qué excepciones aparecían, qué información era crítica para cada tipo de cliente — y que al mismo tiempo entendía qué necesitábamos en el BI para que los reportes cuadraran.

Le dimos un rol formal: Data Owner del proceso comercial.

Y su trabajo era coordinar cuatro partes que hasta entonces nunca habían hablado entre sí de forma estructurada.

Equipo de BIData OwnerDesarrolladores CRMDesarrolladores ERPComerciales

El Data Owner era el punto de contacto entre todos. El traductor. El árbitro cuando había conflicto entre lo que pedía el BI y lo que era posible en la operación real.

Qué hace exactamente un Data Owner.

El concepto de Data Owner existe en la literatura de gobierno del dato desde hace años. Pero en la práctica, especialmente en empresas medianas, es una figura que casi nunca está formalizada. Se asume que "alguien" se encarga de que los datos estén bien. Y ese "alguien" no existe.

Estas son las responsabilidades concretas que asumió el Data Owner en este proyecto — y que cualquier empresa debería tener cubiertas para cada proceso crítico:

1Definir cómo debe entrar cada dato.

No basta con decir "rellena el campo de contrato". Hay que definir exactamente qué formato, qué valores son válidos, qué hacer cuando el contrato tiene condiciones especiales, qué campo usar para cada tipo de excepción. Esa definición tiene que estar documentada y accesible para todos los usuarios.

2Coordinar con IT para adaptar el sistema.

Cuando la realidad operativa no encaja con lo que el sistema permite, alguien tiene que traducir esa necesidad a los desarrolladores. El Data Owner es ese puente. Entiende la operación suficiente para explicar el problema, y entiende el sistema suficiente para validar la solución.

3Formar y acompañar a los usuarios.

Las instrucciones escritas no son suficientes. Especialmente cuando hay excepciones — y siempre hay excepciones. El Data Owner tiene que estar disponible para resolver dudas, revisar casos concretos y asegurarse de que cuando alguien no sabe cómo meter un dato, tiene a alguien a quien preguntar que conoce la respuesta correcta.

4Monitorizar la calidad del dato.

El trabajo no termina cuando se define cómo deben entrar los datos. Hay que verificar periódicamente que efectivamente están entrando bien. Revisar registros con anomalías. Detectar patrones de error. Y corregir antes de que el problema se acumule y llegue a los informes de dirección.

5Ser el punto de escalación cuando hay conflicto.

Cuando un comercial y un desarrollador no se ponen de acuerdo en cómo estructurar un dato, alguien tiene que tomar la decisión. Esa persona tiene que entender los dos lados — la necesidad operativa y el impacto en el reporting — y tener la autoridad para cerrar la discusión.

Por qué es tan difícil de implementar.

Si el concepto es tan claro, ¿por qué tan pocas empresas tienen Data Owners formalizados?

Hay tres razones que aparecen siempre.

Razón 1 — "No tenemos tiempo para esto"

El Data Owner es una responsabilidad adicional sobre alguien que ya tiene un trabajo a tiempo completo. Y a corto plazo, esa inversión de tiempo no tiene un retorno visible. El problema es que el coste de no tenerlo — horas perdidas en reconciliar datos, informes incorrectos, decisiones mal tomadas — tampoco es visible. Está disperso en toda la organización y nadie lo suma.

El tiempo que cuesta tener un Data Owner es una fracción del tiempo que cuesta no tenerlo.

Razón 2 — "Eso es cosa de IT"

La creencia de que la calidad del dato es responsabilidad técnica está muy extendida. Pero IT puede construir el mejor sistema del mundo y los datos seguirán siendo malos si las personas que los introducen no saben exactamente cómo hacerlo. La calidad del dato es una responsabilidad de negocio, no de tecnología.

IT puede validar el formato. No puede validar si el contenido refleja la realidad operativa.

Razón 3 — "Ya lo arreglamos en el BI"

Esta es la más peligrosa. Transformar datos malos en el BI es posible hasta cierto punto. Pero tiene un límite: si la información que falta no existe en ningún sitio, no hay transformación que la genere. Y el coste de limpiar y reconciliar datos en el BI es enorme — en tiempo, en complejidad técnica y en fragilidad del sistema resultante.

Limpiar el dato en el BI es tratar el síntoma. El Data Owner trata la causa.

Cómo implementarlo en una empresa mediana.

No hace falta una estructura corporativa de gobierno del dato para que esto funcione. En una empresa mediana, el proceso puede ser mucho más simple y directo.

1

Identificar los procesos críticos.

No todos los datos tienen el mismo impacto. El primer paso es identificar qué procesos generan los datos que más se usan para tomar decisiones — facturación, contratos, clientes, operaciones, incidencias. Esos son los procesos que necesitan un Data Owner. Empieza por el más crítico y ve ampliando.

2

Elegir a la persona correcta.

El Data Owner ideal no es el más técnico ni el más senior. Es el que mejor conoce la operación real — cómo se negocian los contratos, qué excepciones aparecen, qué información es crítica — y que tiene suficiente credibilidad entre sus compañeros para que le escuchen cuando dice cómo hay que hacer las cosas. En el caso del proyecto, fue un comercial con experiencia y respeto dentro del equipo.

3

Definir el rol formalmente.

El Data Owner no puede ser una responsabilidad informal que alguien asume sin reconocimiento. Tiene que estar definido explícitamente: qué se espera de esa persona, qué autoridad tiene para tomar decisiones sobre el dato, a quién reporta y cómo se mide su trabajo. Sin formalización, la responsabilidad desaparece en cuanto hay presión operativa.

4

Documentar las definiciones de dato.

Para cada campo crítico: qué significa, qué valores son válidos, cómo se maneja cada excepción posible. Esta documentación no tiene que ser un manual de 100 páginas — tiene que ser clara, accesible y actualizable. Una wiki interna, un documento compartido, lo que funcione en esa empresa. Lo importante es que exista y que todos sepan dónde está.

5

Establecer una rutina de revisión.

El Data Owner tiene que revisar periódicamente la calidad de los datos bajo su responsabilidad. No tiene que hacerlo manualmente — un dashboard de calidad del dato que muestre campos vacíos, valores anómalos y registros inconsistentes puede automatizar gran parte de ese trabajo. Lo importante es que alguien lo mire regularmente y actúe cuando algo falla.

El resultado cuando funciona.

En el proyecto del fondo de inversión, cuando el comercial asumió el rol de Data Owner y se estableció la metodología, el cambio fue visible en semanas.

Los informes empezaron a cuadrar.

Por primera vez, el CRM y el ERP contaban la misma historia. Los cinco KPIs que pedía el fondo salían de forma consistente y sin necesidad de reconciliar manualmente.

El equipo supo exactamente qué hacer.

Cuando un comercial tenía dudas sobre cómo meter un contrato con condiciones especiales, tenía a alguien a quien preguntar. Y esa persona sabía la respuesta correcta.

Los problemas se detectaron antes.

Con una revisión semanal de la calidad del dato, los errores se detectaban en días en lugar de en meses. Antes de que llegaran a los informes de dirección.

Se creó una metodología replicable.

Lo más valioso no fue resolver el problema inmediato. Fue que la empresa acabó con un proceso claro para gestionar la calidad del dato que podía aplicar a otros procesos en el futuro.

La lección que va más allá de este caso.

Este proyecto era de integración de sistemas para un fondo de inversión. Pero el problema que resolvió — nadie es responsable de cómo entra el dato — es exactamente el mismo que encuentro en empresas de distribución, en manufactureras, en empresas de servicios.

No importa el sector. No importa el tamaño. No importa la tecnología que usen.

Cuando nadie es el dueño del dato, el dato se degrada. Lentamente, silenciosamente, hasta que alguien intenta tomar una decisión importante y descubre que los números no cuadran.

Y entonces la solución que se busca casi siempre es tecnológica: un nuevo sistema, una mejor integración, más automatización. Cuando la solución que se necesita es organizativa: alguien que sea responsable de que la información entre bien desde el primer momento.

Puedes tener el mejor stack tecnológico del mercado. Puedes tener Power BI conectado al ERP y al CRM. Puedes tener dashboards en tiempo real con todos los KPIs que el negocio necesita.

Pero si nadie es responsable de cómo entra el dato en los sistemas, todo eso mostrará basura con muy buena presentación.


¿Quién es el dueño de cada dato crítico en tu empresa?

Si la respuesta no es inmediata — o si hay procesos donde esa responsabilidad no está clara — ahí está el origen de tus problemas de reporting.

Y probablemente también parte de tu problema de margen.
Margen Oculto

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